Ha pasado más de 1 año desde la última entrada de este blog, en ese tiempo podemos, sin exagerar, decir que el mundo ha cambiado, que es otro como ahora nosotros somos otros también. Y en mi vida han pasado muchas cosas, demasiadas que por desidia y por decidir que solamente podía escribir una cosa a la vez y esa cosa fue la tesis, quedaron en el tintero.
No estoy por la labor de postear entradas antiguas para generar la ilusión de continuidad, sin embargo, es difícil entrar aquí y no sentir cierta nostalgia y frustración y remordimiento. Me conozco y sé que el microblogging ha suplido con creces en gran medida mi necesidad de escribir y este espacio lo ha resentido sobremanera. Sin embargo sé también que hay cosas que en ese mar de mensajes de escasos 140 caracteres, se pierden, historias, anécdotas cuyo legitimo lugar, me parece, es este espacio.
Y en ese mismo entendimiento, sé que no estoy acostumbrado a escribir y que me va a costar mucho habituarme a hacerlo, pero es algo que quiero intentar. No les prometo nada, finalmente a los escasos lectores que hay, que son un puñado, se agregará uno que otro que por alguna extraña y oscura razón lea algo de lo que aquí he puesto.
No pretendo darle difusión a este sitio que es más un rincón o refugio, que un escaparate para mostrar mis dotes(sic) como escritor.
Finalmente, para ya no redundar, en las siguientes semanas, tal vez meses, dependiendo de las cosas que tenga que hacer en el mundo real y de que tan bien o mal me administre mi tiempo, trataré de corregir algunos fallos del blog, depurar la imagen del mismo, quizá hasta me anime a crear un cabezal decente y revisar las etiquetas.
Sirva esto como un anticipo, como una promesa acaso, de tiempos mejores en este olvidado rincón de la red.
viernes, 21 de octubre de 2011
miércoles, 13 de octubre de 2010
Sobre minas y mineros y porqué todo esto importa
La nota de la semana y probablemente del mes ha sido sin duda el épico rescate de los mineros chilenos. No pretendo repetir notas que fácilmente pueden hallar en la prensa o en los buscadores de la red. Sin embargo, para muchos mexicanos como yo, este suceso genera sentimientos encontrados y nos deja con un sabor agridulce.
Pasta de Conchos es el incomodo recuerdo que pervive en la memoria de una situación con notables paralelismos a la de los chilenos y con abominables y monstruosas divergencias. Tampoco pretendo redundar esterilmente en argumentos expuestos con anterioridad en este sitio. Simplemente que, pensando en todo esto, el caso de los más de 60 mineros atrapados en la mina sin ser tan espectacular hubiese podido terminar en un feliz antecedente de lo que hemos visto esta semana, pero no fue así.
Cavilando en toda la infraestructura, la tecnología, la inversión y la propaganda del gobierno actual de Chile si bien de derecha, al menos más humano y “buena onda” que el gobierno de la derecha mexicana, no es difícil ver que ha sido una operación muy costosa, que dividiendo dicha suma entre el total de los mineros rescatados podemos ver que cada minero chileno vale al menos lo que 30 mineros mexicanos.
Y a todo esto, dirán algunos ¿por qué tanto pinche drama por unos mineros? De los de Pasta de Conchos, ni quien se acuerde, nada más porque están de moda los chilenos, como algunos afirmaron en Twitter esta semana.
Pues bien, no sé los demás pero yo no me olvido de los mineros de Coahuila, me es difícil evadir esa dolorosa realidad por varias razones. La primera y más simple de todas, porque he conocido del dolor y de la impotencia de algunas de sus viudas, de sus huérfanos y familiares que llevan años luchando porque los cuerpos de sus esposos muertos cambien de sepulcro a otro donde los puedan honrar. Esto sin duda le resulta excesivo, inútil y ominoso a mucha gente, pero no me lo parece tanto porque aquellos hombres dejan la vida en las minas extrayendo minerales que vuelven obscenamente ricos a otros hombres que en su vida habrán trabajado una mina ni que sabrán rascarle a las entrañas de la tierra esos tesoros que guarda.
La segunda razón más trivial quizá es que varios de mis amigos son mineros y de unos años a la fecha he dejado de verlos porque aquellos extenuantes infiernos de las minas ya los reclaman, y son hombres y mujeres que arriesgan su vida en las precarias y ruinosas condiciones de muchas de las minas mexicanas que carecen aun, de las más elementales normas de seguridad, de la infraestructura adecuada y del interés de sus dueños de salvaguardar la integridad de todos aquellos que dan la vida por enriquecerlos.
La última menos obvia, pero no por ello menos importante es por el importante papel de la minería en la vida de México y en particular en la mía. Como muchos sabrán yo estudié en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, escuela que fue fundada en la segunda mitad del siglo XVIII (1792) como el Real Seminario de Minas, cuya sede fue erigida por el célebre arquitecto español Manuel Tolsá (1811) y que sigue en pie en la calle de Tacuba cerca del Eje Central en el Centro Histórico, frente a la estatua Ecuestre de Carlos IV obra del mismo Tolsá en una pequeña plaza que lleva su nombre frente al Actual MUNAL que linda con la actual cámara de Senadores.
La Escuela de Minas tuvo una importancia no solamente cultural como podemos deducir, sino económica también al ser la primera en este continente en desarrollar especialistas en la minería, actividad que detonó la conquista de vastos territorios unos siglos antes y que era primordial para la economía colonial, pues gracias a ella pudieron, los Austria y posteriormente los Borbón vivir con lujos y derrochar el oro y la plata de estas tierras que a la postre harían ricos a los países del norte de Europa que han olvidado o pretenden olvidar ese hecho.

En ella Andrés Manuel del Río en 1801 descubrió el Vanadio que bautizó con el horrendo nombre de Eritronio, en los años en que Fausto Delhuyar, notable mineralogista y químico metalurgista español fuera su primer director, y quien erigiera el espíritu científico que aun hoy a mas de 2 siglos de distancia sigue imperando en la forma de enseñar la ingeniería en esta institución.
Cabe señalar que Fausto y su hermano mayor Juan José lograron en 1783 aislar el mineral de wólfram que hoy conocemos como Tungsteno y que podemos ver en el filamento de los focos convencionales que aun imperan en los hogares de este país.
El propio Alexander von Humboldt a su paso por México alabo la labor científica y académica de Delhuyar que dejó tan honda huella que incluso después de su muerte el prestigio de la Escuela de Minas y su calidad eran superiores a las de la misma metrópoli que tras el retorno de Fernando VII al trono vivió algunos de sus más oscuros años empobrecida, sin colonias que sangrar y con una férrea inquisición plena y activa.
De vuelta a este continente, la Escuela de Minas sería el asiento del primer instituto de investigación científica del continente y sus egresados con el título de facultativos de minas obtienen el privilegio, a partir de 1797, de ser aceptados en el resto de América, en Filipinas y en toda Europa. El seminario de Minería es la Nueva España se convierte entonces en el principal exportador de conocimientos técnicos y científicos del continente. En aquella época, México poseía la vicepresidencia de la Asociación Mundial de Minería. Es además la semilla de lo que a la postre fue la escuela de Ingenieros con Juárez y que pese a la volatilidad del siglo XIX fue el primer centro de enseñanza en América que imparte cursos de ciencias Físico-Matemáticas y del cierre que tuvo en los agitados años previos a la Reforma con Juárez, logra integrarse hace ya 100 años al proyecto de Universidad Nacional enarbolado por Justo Sierra.
No es por ello de sorprender que entre las ingenierías que alberga en la actualidad (12 para ser exactos) sobreviva la de ingeniero en minas y metalurgia en una universidad lejana geográficamente de las minas que son explotadas en la actualidad y que no abundan precisamente en el centro del país. Es por ello que tengo amigos y amigas mineras, como mi amiga Claudia que acaba de regresar esta misma semana a titularse después de un par de años de trabajar en minas del bajío y del norte del país.
En la historia universal de la infamia, Borges atinadamente atribuye a una variación de filantropía un hecho del que se derivan innumerables sucesos, que es la importación de negros africanos como mano de obra para extenuarlos en la explotación de las minas de oro primero antillanas, luego continentales que sustituyeran a los nativos que sucumbían vertiginosamente ante las epidemias, el hambre y las inhumanas condiciones de trabajo que la codicia de aquellos pálidos bárbaros les exigía... pero esto creo será motivo de una entrada posterior, menos deficiente y más atinada.
Pasta de Conchos es el incomodo recuerdo que pervive en la memoria de una situación con notables paralelismos a la de los chilenos y con abominables y monstruosas divergencias. Tampoco pretendo redundar esterilmente en argumentos expuestos con anterioridad en este sitio. Simplemente que, pensando en todo esto, el caso de los más de 60 mineros atrapados en la mina sin ser tan espectacular hubiese podido terminar en un feliz antecedente de lo que hemos visto esta semana, pero no fue así.
Cavilando en toda la infraestructura, la tecnología, la inversión y la propaganda del gobierno actual de Chile si bien de derecha, al menos más humano y “buena onda” que el gobierno de la derecha mexicana, no es difícil ver que ha sido una operación muy costosa, que dividiendo dicha suma entre el total de los mineros rescatados podemos ver que cada minero chileno vale al menos lo que 30 mineros mexicanos.
Y a todo esto, dirán algunos ¿por qué tanto pinche drama por unos mineros? De los de Pasta de Conchos, ni quien se acuerde, nada más porque están de moda los chilenos, como algunos afirmaron en Twitter esta semana.
Pues bien, no sé los demás pero yo no me olvido de los mineros de Coahuila, me es difícil evadir esa dolorosa realidad por varias razones. La primera y más simple de todas, porque he conocido del dolor y de la impotencia de algunas de sus viudas, de sus huérfanos y familiares que llevan años luchando porque los cuerpos de sus esposos muertos cambien de sepulcro a otro donde los puedan honrar. Esto sin duda le resulta excesivo, inútil y ominoso a mucha gente, pero no me lo parece tanto porque aquellos hombres dejan la vida en las minas extrayendo minerales que vuelven obscenamente ricos a otros hombres que en su vida habrán trabajado una mina ni que sabrán rascarle a las entrañas de la tierra esos tesoros que guarda.
La segunda razón más trivial quizá es que varios de mis amigos son mineros y de unos años a la fecha he dejado de verlos porque aquellos extenuantes infiernos de las minas ya los reclaman, y son hombres y mujeres que arriesgan su vida en las precarias y ruinosas condiciones de muchas de las minas mexicanas que carecen aun, de las más elementales normas de seguridad, de la infraestructura adecuada y del interés de sus dueños de salvaguardar la integridad de todos aquellos que dan la vida por enriquecerlos.
La última menos obvia, pero no por ello menos importante es por el importante papel de la minería en la vida de México y en particular en la mía. Como muchos sabrán yo estudié en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, escuela que fue fundada en la segunda mitad del siglo XVIII (1792) como el Real Seminario de Minas, cuya sede fue erigida por el célebre arquitecto español Manuel Tolsá (1811) y que sigue en pie en la calle de Tacuba cerca del Eje Central en el Centro Histórico, frente a la estatua Ecuestre de Carlos IV obra del mismo Tolsá en una pequeña plaza que lleva su nombre frente al Actual MUNAL que linda con la actual cámara de Senadores.
La Escuela de Minas tuvo una importancia no solamente cultural como podemos deducir, sino económica también al ser la primera en este continente en desarrollar especialistas en la minería, actividad que detonó la conquista de vastos territorios unos siglos antes y que era primordial para la economía colonial, pues gracias a ella pudieron, los Austria y posteriormente los Borbón vivir con lujos y derrochar el oro y la plata de estas tierras que a la postre harían ricos a los países del norte de Europa que han olvidado o pretenden olvidar ese hecho.
En ella Andrés Manuel del Río en 1801 descubrió el Vanadio que bautizó con el horrendo nombre de Eritronio, en los años en que Fausto Delhuyar, notable mineralogista y químico metalurgista español fuera su primer director, y quien erigiera el espíritu científico que aun hoy a mas de 2 siglos de distancia sigue imperando en la forma de enseñar la ingeniería en esta institución.
Cabe señalar que Fausto y su hermano mayor Juan José lograron en 1783 aislar el mineral de wólfram que hoy conocemos como Tungsteno y que podemos ver en el filamento de los focos convencionales que aun imperan en los hogares de este país.
El propio Alexander von Humboldt a su paso por México alabo la labor científica y académica de Delhuyar que dejó tan honda huella que incluso después de su muerte el prestigio de la Escuela de Minas y su calidad eran superiores a las de la misma metrópoli que tras el retorno de Fernando VII al trono vivió algunos de sus más oscuros años empobrecida, sin colonias que sangrar y con una férrea inquisición plena y activa.
De vuelta a este continente, la Escuela de Minas sería el asiento del primer instituto de investigación científica del continente y sus egresados con el título de facultativos de minas obtienen el privilegio, a partir de 1797, de ser aceptados en el resto de América, en Filipinas y en toda Europa. El seminario de Minería es la Nueva España se convierte entonces en el principal exportador de conocimientos técnicos y científicos del continente. En aquella época, México poseía la vicepresidencia de la Asociación Mundial de Minería. Es además la semilla de lo que a la postre fue la escuela de Ingenieros con Juárez y que pese a la volatilidad del siglo XIX fue el primer centro de enseñanza en América que imparte cursos de ciencias Físico-Matemáticas y del cierre que tuvo en los agitados años previos a la Reforma con Juárez, logra integrarse hace ya 100 años al proyecto de Universidad Nacional enarbolado por Justo Sierra.
No es por ello de sorprender que entre las ingenierías que alberga en la actualidad (12 para ser exactos) sobreviva la de ingeniero en minas y metalurgia en una universidad lejana geográficamente de las minas que son explotadas en la actualidad y que no abundan precisamente en el centro del país. Es por ello que tengo amigos y amigas mineras, como mi amiga Claudia que acaba de regresar esta misma semana a titularse después de un par de años de trabajar en minas del bajío y del norte del país.
En la historia universal de la infamia, Borges atinadamente atribuye a una variación de filantropía un hecho del que se derivan innumerables sucesos, que es la importación de negros africanos como mano de obra para extenuarlos en la explotación de las minas de oro primero antillanas, luego continentales que sustituyeran a los nativos que sucumbían vertiginosamente ante las epidemias, el hambre y las inhumanas condiciones de trabajo que la codicia de aquellos pálidos bárbaros les exigía... pero esto creo será motivo de una entrada posterior, menos deficiente y más atinada.
jueves, 7 de octubre de 2010
La literatura 1
Hay algo que ha estado presente en mi vida desde hace mucho tiempo y que sin embargo hasta hace poco he visto con cierta claridad, me refiero a la literatura. Si bien es cierto que aprendí a muy tierna edad a leer antes en ingles que español, no es algo de lo que me vanaglorie, para mí fue algo perfectamente normal dada la educación que tuve en un jardín de niños bilingüe y que tras algunos años de estudio e una primaria publica olvidé casi por completo por lo que tuve que dedicarme de los 9 a los 13 a recuperar la lengua de Shakespeare que ciertamente nunca ha sido mi favorita, pero a la que me une una relación de amor-odio que tal vez algún día me dé tiempo a explicar.
Las letras entraron a mi vida a la misma edad que muchos de ustedes, sin embargo el gusto por ellas se debió a unos libros con los que aprendí a leer. El primero de ellos era un libro casi entero que comenzaba con cierta progresión gradual en el mundo de la lectura pero que a mí me provocaba cierto placer indescriptible, era como los discursos a los grandes oradores griegos en el sentido de que era como un paseo a través del libro con frases y dibujos que me provocaban diversas emociones y que empezaban como en una clara mañana y terminaban a mitad de la noche.
No sé cuantas veces recorrí ese universo impreso de imágenes dramatizadas que me producían gusto, incomodidad e incluso horror. Creo que tiempo después sus ilustraciones sucumbieron al rigor de las tijeras escolares mías y de mi hermana para satisfacer alguna tarea, quedando mutilado y hace mucho tiempo perdido para siempre.
El otro libro fue uno de los grandes aciertos pedagógicos de Trillas en mi opinión, creo que el libro mencionado llevaba por nombre el obvio titulo de «Juguemos a leer» y era un cuaderno de ejercicios con divertidas ilustraciones a colores y otro de lectura con una aburrida paleta de naranjas y negros.
Sin embargo ese par de libros hicieron las delicias en aquellas difíciles tardes de lluvia y huracán Gilberto en las que acudía a la primaria en la tarde al contar con apenas 5 años y no poderme inscribir legalmente por haber visto la luz de este mundo en otoño.
Ese año a más de 2 décadas de distancia se ha vuelto entrañable en mi memoria, fue un año de juegos, de libros, de letras y de sobrevivir a las golpizas de aquellos compañeros míos que trabajaban y que me doblaban la edad y casi el tamaño, de mi amiga Irene a quien aun recuerdo y a quien aun me avergüenza haber zapeado alguna tarde y haberle provocado una hemorragia nasal en publico frente a los niños que salían del turno de la tarde y los que íbamos a entrar apenas y de los tenderos que me conocían.
Baste decir que esa fue la única vez en que agredí a alguna mujer en la vida, con la excepción de mi hermana y la infinidad de peleas que aderezaron la difícil convivencia de la infancia conjunta, y que a la postre le forjaron ese carácter duro y sarcástico atenuado por ese carisma que hasta la fecha le ha salvado de que la pongan en su lugar por sus abusos y maldades contra sus amigos y allegados.
En esos lejanos años fueron los relatos cortos, los cuentos que aderezaban los libros de texto que nos daban en la primaria los que hicieron mis delicias entonces. En el 4º año por el 60º (sexagesimo no sesentavo) aniversario de la escuela o algo así, regalaron unas colecciones de libros, parecian enciclopedias pero incluian al Panchatantra, el Ramayana, y cuentos de Rabindranath Tagore y las Mil y una noches de la astuta, pero no menos bella Sherezad.
Se armó un taller de lectura para los de mi grado y desde luego que me quedé sin importar estar una hora más en la escuela. Esos meses de verdad valieron la pena.
Las letras entraron a mi vida a la misma edad que muchos de ustedes, sin embargo el gusto por ellas se debió a unos libros con los que aprendí a leer. El primero de ellos era un libro casi entero que comenzaba con cierta progresión gradual en el mundo de la lectura pero que a mí me provocaba cierto placer indescriptible, era como los discursos a los grandes oradores griegos en el sentido de que era como un paseo a través del libro con frases y dibujos que me provocaban diversas emociones y que empezaban como en una clara mañana y terminaban a mitad de la noche.
No sé cuantas veces recorrí ese universo impreso de imágenes dramatizadas que me producían gusto, incomodidad e incluso horror. Creo que tiempo después sus ilustraciones sucumbieron al rigor de las tijeras escolares mías y de mi hermana para satisfacer alguna tarea, quedando mutilado y hace mucho tiempo perdido para siempre.
El otro libro fue uno de los grandes aciertos pedagógicos de Trillas en mi opinión, creo que el libro mencionado llevaba por nombre el obvio titulo de «Juguemos a leer» y era un cuaderno de ejercicios con divertidas ilustraciones a colores y otro de lectura con una aburrida paleta de naranjas y negros.
Sin embargo ese par de libros hicieron las delicias en aquellas difíciles tardes de lluvia y huracán Gilberto en las que acudía a la primaria en la tarde al contar con apenas 5 años y no poderme inscribir legalmente por haber visto la luz de este mundo en otoño.
Ese año a más de 2 décadas de distancia se ha vuelto entrañable en mi memoria, fue un año de juegos, de libros, de letras y de sobrevivir a las golpizas de aquellos compañeros míos que trabajaban y que me doblaban la edad y casi el tamaño, de mi amiga Irene a quien aun recuerdo y a quien aun me avergüenza haber zapeado alguna tarde y haberle provocado una hemorragia nasal en publico frente a los niños que salían del turno de la tarde y los que íbamos a entrar apenas y de los tenderos que me conocían.
Baste decir que esa fue la única vez en que agredí a alguna mujer en la vida, con la excepción de mi hermana y la infinidad de peleas que aderezaron la difícil convivencia de la infancia conjunta, y que a la postre le forjaron ese carácter duro y sarcástico atenuado por ese carisma que hasta la fecha le ha salvado de que la pongan en su lugar por sus abusos y maldades contra sus amigos y allegados.
En esos lejanos años fueron los relatos cortos, los cuentos que aderezaban los libros de texto que nos daban en la primaria los que hicieron mis delicias entonces. En el 4º año por el 60º (sexagesimo no sesentavo) aniversario de la escuela o algo así, regalaron unas colecciones de libros, parecian enciclopedias pero incluian al Panchatantra, el Ramayana, y cuentos de Rabindranath Tagore y las Mil y una noches de la astuta, pero no menos bella Sherezad.
Se armó un taller de lectura para los de mi grado y desde luego que me quedé sin importar estar una hora más en la escuela. Esos meses de verdad valieron la pena.
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lunes, 27 de septiembre de 2010
Ángel
La descubrí esta tarde inusual en la que me vi obligado a volver a casa antes de la puesta del sol, pasaban las cinco cuando noté el oro de sus cabellos y su nívea tez que fulguraban en medio de un mar de homogeneidad morena como la que abunda en la mayoría de los países que conforman la llamada América Latina.
Me senté a su lado, más que por necesidad, por poder mitigar de ese modo la tentación de contemplarla y, quizá incomodarla con mi mirada que sin ser lasciva me ha causado ya problemas en otros tiempos. Era uno de esos incómodos asientos ubicado detrás de la salpicadera de la llanta trasera del autobús que no alcanza a librar completamente dicho obstáculo de modo que o tienes la suerte de tener los pies diminutos y sentarte sin mayor incomodidad o bien hacer las veces de un improvisado contorsionista.
Ella sin embargo escondía entre las piernas la mochila grande y voluminosa como la mía, quizá intentando atenuarla para proteger su computadora, artilugio portátil (no mucho) y cada vez más necesario y presente entre los estudiantes.
Sin embargo durante el viaje, la contemplé de reojo, sus ojos no eran claros, los labios lineales no le hacían justicia, sin embargo compensaban el buen perfil, su lozanía y la amplitud de la frente clara y despejada. Intentaba leer unas copias sobre algo de la conducta que no pude ver con claridad y que me abstuve de hacer con gran evidencia.
Era joven y bonita, como lo son muchas mujeres a su escasa edad, al principio tuve miedo de que fuera más de 10 años menor que yo, al pasar los minutos y precisar ciertos detalles y cavilar sobre ella y lo que leía concluí que no debía ser más de 8 años menor que yo y que estudiaría pedagogía o psicología, eso me tranquilizó y me hizo pensar que quizá alguna ocasión futura volvería a verla. Vestía de jeans, lo cual no es raro en absoluto, y portaba una blusita azul tejida a modo de sweater.
Intentaba leer una novela de Alejo Carpentier para mitigar la tentación de contemplarla, sin embargo, como estas líneas delatarán no tuve mucho éxito en ello.
El viaje fue breve, o quizá fue algo más largo pero abreviado por mi afición a la joven y rubia chica sentada a mi lado.
Ya había logrado avanzar algunas líneas del libro cuando noté que ella levantaba su mochila que era de un rosa vivo para salir. Minutos antes había previsto la posibilidad y tenía ya preparada alguna frase ingeniosa y varonil acaso, sin embargo la premura y la sorpresa me hicieron balbucear, acaso musitar un tímido e inaudible «claro». Sirva acaso de atenuante el decir que de espaldas lucia muy bien también, sin llegar a la voluptuosidad de las caderas africanas, pero si con la suficiente proporción para lucir femenina.
Lunes 27 de septiembre de 2010
Me senté a su lado, más que por necesidad, por poder mitigar de ese modo la tentación de contemplarla y, quizá incomodarla con mi mirada que sin ser lasciva me ha causado ya problemas en otros tiempos. Era uno de esos incómodos asientos ubicado detrás de la salpicadera de la llanta trasera del autobús que no alcanza a librar completamente dicho obstáculo de modo que o tienes la suerte de tener los pies diminutos y sentarte sin mayor incomodidad o bien hacer las veces de un improvisado contorsionista.
Ella sin embargo escondía entre las piernas la mochila grande y voluminosa como la mía, quizá intentando atenuarla para proteger su computadora, artilugio portátil (no mucho) y cada vez más necesario y presente entre los estudiantes.
Sin embargo durante el viaje, la contemplé de reojo, sus ojos no eran claros, los labios lineales no le hacían justicia, sin embargo compensaban el buen perfil, su lozanía y la amplitud de la frente clara y despejada. Intentaba leer unas copias sobre algo de la conducta que no pude ver con claridad y que me abstuve de hacer con gran evidencia.
Era joven y bonita, como lo son muchas mujeres a su escasa edad, al principio tuve miedo de que fuera más de 10 años menor que yo, al pasar los minutos y precisar ciertos detalles y cavilar sobre ella y lo que leía concluí que no debía ser más de 8 años menor que yo y que estudiaría pedagogía o psicología, eso me tranquilizó y me hizo pensar que quizá alguna ocasión futura volvería a verla. Vestía de jeans, lo cual no es raro en absoluto, y portaba una blusita azul tejida a modo de sweater.
Intentaba leer una novela de Alejo Carpentier para mitigar la tentación de contemplarla, sin embargo, como estas líneas delatarán no tuve mucho éxito en ello.
El viaje fue breve, o quizá fue algo más largo pero abreviado por mi afición a la joven y rubia chica sentada a mi lado.
Ya había logrado avanzar algunas líneas del libro cuando noté que ella levantaba su mochila que era de un rosa vivo para salir. Minutos antes había previsto la posibilidad y tenía ya preparada alguna frase ingeniosa y varonil acaso, sin embargo la premura y la sorpresa me hicieron balbucear, acaso musitar un tímido e inaudible «claro». Sirva acaso de atenuante el decir que de espaldas lucia muy bien también, sin llegar a la voluptuosidad de las caderas africanas, pero si con la suficiente proporción para lucir femenina.
Lunes 27 de septiembre de 2010
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viernes, 17 de septiembre de 2010
De minas, mineros e infamias
Leí en las noticias de hoy, que en la mañana la perforadora encargada de desarrollar el llamado Plan B, logró llegar a los 33 mineros chilenos atrapados desde principios de agosto. No es mi interés repetir la nota, la pueden consultar aquí: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2010/09/17/perforadora-hace-contacto-con-mineros-atrapados-en-chile
La verdad es que cuando supe, vagamente por cierto, sobre lo sucedido en Chile inmediatamente lo relacioné con la tragedia de Pasta de Conchos y dadas las condiciones de la mina en la que están atrapado los chilenos pensé que terminaría esto de manera igual de trágica. Me alegra, hasta ahora, estar equivocado.
Los hechos subsecuentes son de dominio publico, las autoridades, la empresa (grupo México), la opinión publica tiraron la toalla demasiado pronto, a las 48 horas comenzaron a darlos por muertos, disparatadas contradicciones, dolosas omisiones, fueron los elementos que construyeron la escenografía en medio de la cual se representó esta tragedia. Se rumoró la posibilidad de un rescate de dimensiones continentales, que tardó más en organizarse que en ser disuadido por Grupo México. El desenlace es fácil de prever.
Las familias protestaron, denunciaron, hicieron cuanto estaba en sus manos, que no era mucho, y al final hubieron de resignarse a la muerte de sus seres queridos, cuyo sepulcro fue la mina donde laboraron toda la vida.
Del otro lado del mundo, las autoridades no hicieron oídos sordos ante la tragedia, la gente, los medios también han apoyado, la vida humana parece valorarse mejor en aquellas tierras y los mineros siguen con vida y con esperanzas de salir.
Sin embargo la mina permanece cerrada, los culpables libres, los medios y la gente ha olvidado el suceso y quedan 63 mineros aun debajo sin que nadie tenga la voluntad de que algún día sean rescatados y se sepa que sucedió en realidad. Hace un par de años tuve que ver en la organización de un foro en la UNAM acerca del caso, conocí y platiqué con algunas de las viudas y familiares de los mineros, conocí a una asociación ajena al sindicato de mineros veteranos de diversas partes del país que basándose en su experiencia de toda la vida proponían rescatar los cuerpos de sus colegas ahí fallecidos.
Conocí de los infiernos en los que se extenúan estos hombres, de las precarias condiciones en que laboran, de las ilegales e inseguras condiciones en que tienen que adentrarse a las minas, tan malas como si viviéramos en 1880, simple y llanamente porque los dueños de las minas en vez de invertir en la gente que los enriquece y en procurarles condiciones dignas para laborar, prefieren ahorrarse ese gasto y depositar esos dineros a trabajar en sus ociosas cuentas en Suiza o las Islas Caimán.
Me da tristeza ver como terminaron las cosas así, de dos hechos lamentables y coincidentes en muchas circunstancias el primero terminó de manera infame, el segundo, esperemos, termine de manera justa, con final feliz y cursi al más puro estilo de Hollywood.
La verdad es que cuando supe, vagamente por cierto, sobre lo sucedido en Chile inmediatamente lo relacioné con la tragedia de Pasta de Conchos y dadas las condiciones de la mina en la que están atrapado los chilenos pensé que terminaría esto de manera igual de trágica. Me alegra, hasta ahora, estar equivocado.
Los de esta América
La mañana del 19 de febrero de 2006 una explosión debida al exceso de metano en la mina, concentración que rebasaba con plenitud los estándares mínimos de seguridad, dejó atrapados a una profundidad aun hoy desconocida y debatida a 65 mineros que laboraban el la mina de carbón “Pasta de Conchos”. Laboraban, como sucede en este país y en muchos otros, en condiciones precarias, no resulta excesivo decir infrahumanas, pues carecen no sólo del equipo de seguridad adecuado, sino que las condiciones mismas de las minas son tales que aquellos que profesan el oficio de minero son de entre todos los miembros de la clase trabajadora, llamada despectivamente proletariado, los que mueren antes, los que terminan con los pulmones destrozados, los que son más explotados y los que perciben el peor salario… contrariamente a toda justicia, divina, humana y poética son los que mayor riqueza producen, riqueza a la que les es vedado el acceso.Los hechos subsecuentes son de dominio publico, las autoridades, la empresa (grupo México), la opinión publica tiraron la toalla demasiado pronto, a las 48 horas comenzaron a darlos por muertos, disparatadas contradicciones, dolosas omisiones, fueron los elementos que construyeron la escenografía en medio de la cual se representó esta tragedia. Se rumoró la posibilidad de un rescate de dimensiones continentales, que tardó más en organizarse que en ser disuadido por Grupo México. El desenlace es fácil de prever.
Los de la otra
La historia de los 33 mineros chilenos atrapados desde agosto de 2010 ha sido heroica, una historia solidaria, sin tintes trágicos todavía. El rescate continental digno de cualquier producción hollywoodense no fue una promesa rota allá sino una realidad tangible que genera noticias alentadoras día con día. El apoyo no ha hecho falta y la solidaridad ha rebasado las fronteras, si bien sus muestras son moderadas como sucede siempre, pero no por ello menos importantes.Paralelismos y contrastes
Hasta donde sé tanto Grupo México (de German Larrea, uno de los empresarios más importantes del país y más ricos también) que es la minera más grande aun en manos “nacionales” como los de Minera San Esteban. Mientras, de este lado, los medios, las autoridades y el pueblo carente de voluntad propia se plegaron a la tiránica decisión del magnate que condenaba a muerte a aquellos hombres heroicos, ordinarios, esplendidos e insignificantes que tenían el mismo derecho al aire a la vida, al amor de sus mujeres, de sus hijos que aquel. Los medios fueron convenciendo que nada tenia sentido, que seguramente ya no tenían aire o que nunca lo tuvieron, que más valía ocuparse de otros asuntos condenándoles al ostracismo de la memoria en el inconsciente colectivo.Las familias protestaron, denunciaron, hicieron cuanto estaba en sus manos, que no era mucho, y al final hubieron de resignarse a la muerte de sus seres queridos, cuyo sepulcro fue la mina donde laboraron toda la vida.
Del otro lado del mundo, las autoridades no hicieron oídos sordos ante la tragedia, la gente, los medios también han apoyado, la vida humana parece valorarse mejor en aquellas tierras y los mineros siguen con vida y con esperanzas de salir.
Epílogo
De vuelta a este asolado país, los precarios esfuerzos llevados a cabo para rescatar a los mineros dieron magros resultados cuando el 23 de junio de aquel lejano 2006 sacaron el primer cuerpo y medio año más tarde a poco menos de 1 año de la tragedia sacaron el segundo.Sin embargo la mina permanece cerrada, los culpables libres, los medios y la gente ha olvidado el suceso y quedan 63 mineros aun debajo sin que nadie tenga la voluntad de que algún día sean rescatados y se sepa que sucedió en realidad. Hace un par de años tuve que ver en la organización de un foro en la UNAM acerca del caso, conocí y platiqué con algunas de las viudas y familiares de los mineros, conocí a una asociación ajena al sindicato de mineros veteranos de diversas partes del país que basándose en su experiencia de toda la vida proponían rescatar los cuerpos de sus colegas ahí fallecidos.
Conocí de los infiernos en los que se extenúan estos hombres, de las precarias condiciones en que laboran, de las ilegales e inseguras condiciones en que tienen que adentrarse a las minas, tan malas como si viviéramos en 1880, simple y llanamente porque los dueños de las minas en vez de invertir en la gente que los enriquece y en procurarles condiciones dignas para laborar, prefieren ahorrarse ese gasto y depositar esos dineros a trabajar en sus ociosas cuentas en Suiza o las Islas Caimán.
Me da tristeza ver como terminaron las cosas así, de dos hechos lamentables y coincidentes en muchas circunstancias el primero terminó de manera infame, el segundo, esperemos, termine de manera justa, con final feliz y cursi al más puro estilo de Hollywood.
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Pasta de Conchos
miércoles, 15 de septiembre de 2010
De vuelta al blog
Bien después de varios meses, prácticamente medio año sin agregar anda nuevo, he hecho algunas modificaciones mejores, mantenimiento a nivel de código, para pulir el aspecto final del blog, que digo tampoco es la gran cosa, y que resulte interesante y atractivo para aquellos que caigan por aquí.
Les agradezco a mis seguidores su paciencia y espero lean esto con gusto.
Bien en realidad no pienso tuitear esto, no sé, creo que un buen blog no requiere de estar diciéndole a todos los que conoces que lo lean, creo que por si mismo puede y debe darse a conocer. Siempre he creído que un buen trabajo es tu mejor carta de presentación y recomendación y si bien este blog no es nada del otro mundo, quizá el trabajo y la adición de buenos contenidos en un futuro próximo permita que llegue a más gente.
Les agradezco a mis seguidores su paciencia y espero lean esto con gusto.
Bien en realidad no pienso tuitear esto, no sé, creo que un buen blog no requiere de estar diciéndole a todos los que conoces que lo lean, creo que por si mismo puede y debe darse a conocer. Siempre he creído que un buen trabajo es tu mejor carta de presentación y recomendación y si bien este blog no es nada del otro mundo, quizá el trabajo y la adición de buenos contenidos en un futuro próximo permita que llegue a más gente.
martes, 7 de septiembre de 2010
Letter to the USA
This is not my invention, I found it on the BE ELE O GE writted by the lovely @wera_supernova (http://werasupernova.blogspot.com/2010/08/carta-estados-unidos.html). I tried to translate it thinking about the stupid racist laws in Arizona waiting to be adopted and that punitive immigration policy in the USA that extends to all those people coming from the south looking for better living conditions. Thanks.
Your Christ is Jewish
Your writing is Latin
Your numbers are Arabic
Your democracy is Greek
Your music gadget is Japanese
Your ball is from Korea
Your video game comes from Hong Kong
Your T shirt is from Thailand
Your soccer stars are Brazilian
Your watch is Swiss
Your pizza is Italian
Your drug is Colombian
Your oil is Mexican
Your language is from England and…
Your President is from Africa!
And are you the one who looks at the migrant worker as a fucking foreigner?
Your Christ is Jewish
Your writing is Latin
Your numbers are Arabic
Your democracy is Greek
Your music gadget is Japanese
Your ball is from Korea
Your video game comes from Hong Kong
Your T shirt is from Thailand
Your soccer stars are Brazilian
Your watch is Swiss
Your pizza is Italian
Your drug is Colombian
Your oil is Mexican
Your language is from England and…
Your President is from Africa!
And are you the one who looks at the migrant worker as a fucking foreigner?
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